-Mírate.
+Me miro.
-¿Qué ves?
+Ahora nada.
-Yo sí.
+¿El qué?
-Sonrisas tapando lágrimas.
+Eso no es cierto, yo soy feliz.
-Sabes bien que llevo razón.
+No.
-Sí.
+¿Por qué estás tan seguro?
-Porque te lo veo en los ojos, porque te lo noto con solo mirarte..
+¿Y qué notas exactamente?
-Que eres luchadora, pero una luchadora frustrada..
+No entiendo por qué me dices eso.
-Porque los dos sabemos que mantienes las esperanzas de lo inalcanzable..
+¿A qué te refieres?
-A él, ya sabes..
+No, eso es pasado.
-Sí, pero decidiste guardártelo en el bolsillo y ahora te acompaña siempre, no es un pasado a secas, es un pasado que se mantiene vivo en el presente..
+Mis bolsillos están vacíos, tanto como mi corazón..
-No estés segura.. juraste amarle siempre, y así va a ser, para bien y para mal.
+¿Qué castigo es ese?
-Ninguno. Un castigo es algo así como..
+Castigo es quererle así..
-¿Ves?, no era tan difícil admitirlo.
+Castigo es llorar día sí y día también..
-Suponía que lo hacías.
+Ojalá fuera capaz de decirle que no queda nada de lo que sufrí por él, que no le quiero, que todo acabó, y todo esto sin llorar, para que no descubra que no le dejé de amar..
-Le quieres de verdad..
-No, le amo con todas mis fuerzas.
-Eso si que es un castigo..
+Sí, lo es.
-María Alonso Velázquez.
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