lunes, 4 de enero de 2010

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-Mírate.

+Me miro.

-¿Qué ves?

+Ahora nada.

-Yo sí.

+¿El qué?

-Sonrisas tapando lágrimas.

+Eso no es cierto, yo soy feliz.

-Sabes bien que llevo razón.

+No.

-Sí.

+¿Por qué estás tan seguro?

-Porque te lo veo en los ojos, porque te lo noto con solo mirarte..

+¿Y qué notas exactamente?

-Que eres luchadora, pero una luchadora frustrada..

+No entiendo por qué me dices eso.

-Porque los dos sabemos que mantienes las esperanzas de lo inalcanzable..

+¿A qué te refieres?

-A él, ya sabes..

+No, eso es pasado.

-Sí, pero decidiste guardártelo en el bolsillo y ahora te acompaña siempre, no es un pasado a secas, es un pasado que se mantiene vivo en el presente..

+Mis bolsillos están vacíos, tanto como mi corazón..

-No estés segura.. juraste amarle siempre, y así va a ser, para bien y para mal.

+¿Qué castigo es ese?

-Ninguno. Un castigo es algo así como..

+Castigo es quererle así..

-¿Ves?, no era tan difícil admitirlo.

+Castigo es llorar día sí y día también..

-Suponía que lo hacías.

+Ojalá fuera capaz de decirle que no queda nada de lo que sufrí por él, que no le quiero, que todo acabó, y todo esto sin llorar, para que no descubra que no le dejé de amar..

-Le quieres de verdad..

-No, le amo con todas mis fuerzas.

-Eso si que es un castigo..

+Sí, lo es.


-María Alonso Velázquez.

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